Aprendiz de Asesino, de Robin Hobb

Alerta: este post tiene trazas de SPOILER (esto es como los cacahuetes que pueden contener trazas de frutos secos).

Lea bajo su cuenta y riesgo. La OMS no lo recomienda.

Metemos en una caja un niño que habla poco, que se comunica telepáticamente con los animales, posee una habilidad para ocultarse y tiene acceso a la realeza. Agitamos un poco, procurando no matar a nadie, abrimos la caja y te encuentraremos… ¡un niño bastardo aprendiz de asesino que no mata a NADIE!

Traspié, nombre más que apropiado para nuestro idolatrado protagonista, deambula sin rumbo, víctima de hermanastros y abuelastros malvados. Será enseñado por Chade, antiguo asesino (SORPRESA, también es bastardo) al servicio del Rey Artimañas, que querrá usar a nuestro pobre muchacho como “la mano que llena el guante de la realeza”, o algo así. No me enteré muy bien de ese rollo mano-guante entre instructor y pupilo.

Aprendiz de asesino, donde nadie mata a nadie, todos son pobres y miserables, nos deleitará con paisajes inexistentes y fantasía capaz de hacerte evocar una pared blanca. Lento, insustancial y plano. Como la pared blanca anteriormente mencionada.

En conclusión: Robin Hobb pone nombres como Lady Tomillo, Molly Martillete, etc…, como personajes importantes de la novela. Creo que ese es motivo suficiente para fruncir el ceño.

¡FIN DEL COMUNICADO!

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