El espectroscopio del alma, de Edward Page Mitchell

Esta recopilación de relatos me llamó la atención en cuanto la vi anunciada por la editorial que la ha sacado al mercado, Orciny. Y no era para menos. La premisa era un anzuelo tentador: uno de los pioneros de la ciencia ficción, un periodista del siglo XIX, se ha perdido en los entresijos de la Historia hasta que Sam Moskowitz lo rescató, y ahora desembarca en la península. El lazo en el que venía envuelto era dulce como él solo, pues incluía algunas de las ideas que siempre nos recuerdan a H. G. Wells (viajes en el tiempo, invisibilidad…), pero escritas entre 1870-80.

Pues bien, tras leer los relatos, hay que decirlo: todo es verdad. Y el posible hype generado por todas esas promesas, se cumple. Al menos en mi caso.
La lectura de cada nuevo relato se convirtió en una especie de juego. En mi cabeza decía: Vamos a ver, ajam, sí, este parece que va de invisibilidad. A ver con qué me sorprende este tipo ahora.

No voy a ir desgranando uno por uno los relatos (podéis consultar la reseña que os dejo al final de la entrada para eso), sino que voy a comentar algunos concretos y la antología por encima. As usual.

Y aquí es donde aparece el único “punto negativo” de la obra. Es algo consustancial a muchos de estos pioneros, que manejaban ideas tan potentes para la época que al final todo el esfuerzo quedaba en un esbozo de la idea en el que muchas veces se echaba en falta la creación de un relato más profundo en torno a la misma. Se exponía a ojos de un lector que se sorprendería sobremanera ante la imaginación del autor. Es decir, que al final, algunos de los relatos se quedan en eso: “hey, se me ha ocurrido que esto podría ocurrir”. Y ya está. En cualquier caso, para mí esto aparece de igual manera en H. G. Wells (con excepciones como “La isla del Doctor Moreau”, que es una jodida maravilla), y no es algo especialmente reprochable.

¿Es esto algo que impida disfrutar la antología? No. ¿Todos los relatos adolecen de ello? Ni mucho menos.
Los que más sobresalen como narraciones más completas, en las que prevalece el relato sobre la idea, son “El hombre más capaz del mundo”, “La hija del senador”, “El experimento del profesor”, “Nuestra guerra con Mónaco” y “El reloj que retrocedía”.
Y aquí es cuando debo incidir en algunos de ellos. “La hija del senador”, por ejemplo, es probablemente la historia de amor más preciosa que he leído nunca. Y no me suelen gustar, en serio (“Muerte de la luz” me gusta menos de lo que debería por su trama central. Soy lo peor).
“Nuestra guerra con Mónaco”, si bien no es de los mejores, llama poderosamente la atención por la elección de tan extraño oponente, todo sea dicho. Además, me gusta la forma con la que el autor juega con ideas que no van sólo por el ámbito tecnológico, sino que lanza interesantes reflexiones sobre la Historia y los personajes más relevantes de la misma, como hace en “El hombre más capaz del mundo”.
Dato: ahora mismo, mientras escribía esa última línea he caído en que, desde luego, imaginación no derrochaba en los títulos este señor (quizá la excepción es “El taquipompo”).

Finalmente, la gran pregunta: ¿Pero merece la pena? ¿Te ha gustado? Sí y sí. Sin duda.

Por cierto, la curiosidad me corroe en el caso del último relato, y me pregunto si parte de su trama no estará relacionada con las relaciones entre España y EE.UU. en aquella época (dado que, además, el autor se dedicaba al periodismo). Pero eso ya es cosa mía.

Podéis leer una reseña aquí (no hay más por ahora): El Biblionauta.

Anuncios

2 Comentarios Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s