Mascarada, de Terry Pratchett

Esta entrada es una máscara (ba dum tss!), una excusa para hablar de Terry Pratchett. No es un homenaje exactamente, de esos ya hay muchos y muy buenos. Es un camino, mi camino por su obra.

¿Qué decir de este gran autor que ya no se haya dicho? Pues habiéndose dicho tanto, voy a hablar un poco de sensaciones, de mi experiencia pratchiana. Cada uno vive a Pratchett de una manera, le influye más o menos, en un sentido u otro.6806755839_5321f049b5_b

A mí me atrapó hará unos diez años y desde entonces no me ha soltado. He leído dieciséis novelas de Pratchett (2 de fuera del Mundodisco), y no he leído más porque quiero que dure mucho tiempo el placer de abrir una nueva novela. Me queda para rato, y eso me alivia (aunque releer siempre es una opción, mis ejemplares de Dioses Menores y Brujerías lo saben bien). Dos de las pocas máximas que guían mis lecturas son: 1. Siempre tener un libro de Pratchett en La Pila y 2. No dejar pasar un año sin leer una de sus novelas.

Sus novelas son únicas en muchos sentidos, y el Mundodisco una criatura increíble que explora las distintas facetas de la vida, lanzando reflexiones cargadas de ironías que reflejan muchas verdades.

Las distintas líneas las forman personajes (o grupos de personajes) como las brujas, la guardia, la Muerte, los magos… Y como todos, tengo mis favoritos. Las señoras Ogg y Ceravieja son para mí lo mejor de lo mejor. Estas dos brujas encierran mucha sabiduría en sus reflexiones morales (que normalmente no se aplican a ellas mismas). Por su parte, la Muerte, que se inicia con Mort, uno de los libros que suelo recomendar para iniciarse en el camino pratchiano, es uno de los iconos del autor, y no sin razón. Siempre me he preguntado cómo puede ser que un personaje tan tétrico, que representa aquellos de lo que intentamos huir sin éxito, es capaz de atraer al lector. Pratchett, CLARO.

Los guardias son de los más aclamados, aunque en mi caso no sean mis favoritos (en mi defensa diré que me quedan bastantes novelas por explorar, y que Vimes rules), y protagonizan algunas de las novelas más interesantes en lo referente a vida urbana y política, momentos en los que hace aparición el insuperable Lord Vetinari. Una reverencia.

Sin embargo, hay un pero. Si bien los magos me parecen hilarantes, Rincewind me atrae más bien poco, y El Color de la Magia no me gustó en general (eso sí, tres hurras por El Equipaje).

En Mascarada, haciendo uso de las brujas, Pratchett vuelve a hacer de las suyas. Explorando un tema como la ópera, lo hace suyo e introduce al lector hasta las entrañas más absurdas de la misma. Lanza sus dardos envenenados camuflados de risa, como hiciera en Dioses Menores (obra maestra sobre religión), y da en el clavo con cada palabra.

Si bien la novela no pertenece a los “Pratchetts mayores” (por decirlo de alguna manera) es, como cualquiera de sus novelas, una lectura más que recomendada.

Por cierto, mi favorita por ahora es Cartas en el asunto. Apocalíptica. Y la adaptación a la pequeña pantalla no está nada mal (ni Papá Puerco ni El Color de la Magia).

En fin. Me queda Pratchett para rato. Y siempre queda alguna persona a la que convencer para que lo lea.
Oook.

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