Teatro Grottesco, de Thomas Ligotti

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El teatro está repleto, la función va a comenzar. Guarden silencio, o griten. Poco importa.

Prepárense para las trece piezas que van a ser representadas frente a sus ojos. Las piezas se dividen en tres actos: Enajenaciones, Deformaciones y Los dañados y los enfermos. Habrá un descanso entre actos, o puede que no. Depende de ustedes, o de las piezas, puede que no dependa de nadie.

En cada una de las piezas los actores traducirán las palabras del autor con sus movimientos, sus palabras y su pericia en el escenario. También cabe la posibilidad de que en lugar de actores vean ustedes marionetas, o simplemente un gran vacío. No se preocupen, es normal.

Alguien podría preguntarse por qué ha pagado por ver un gran vacío. Incluso pensaría en alzar la voz para exponer su indignación. Si hicieran esto, lo más probable es que, sin saberlo, estuvieran participando de la escena. Exacto, no tiene sentido. Todo es un sinsentido. El autor así lo ha querido. O quizá él no quiera nada, sólo transcriba la realidad. Su mundo, vuestro mundo.

Por cierto, tengan cuidado con la fábrica de artículos de broma. No tiene puertas que den a su interior y, sin embargo, es probable que en algún momento se encuentren uno de sus productos en su mesita de noche. Y no vayan a esa ciudad, la que está en la frontera del norte, ya que pasan cosas extrañas que no tienen por qué ser agradables.

Son cosas de la función. Que, aunque no lo quiera, viene a usted.

Todo vale. Nada importa.

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