Nosotros, de Evgueni I. Zamiátin

9788446026723¿Acaso no es absurdo que el Estado (¡osaba llamarse Estado!) pudiese tolerar la vida sexual sin control alguno? Cualquiera que le viniera en gana, cuando y cuanto quisiera… Era algo absolutamente acientífico, como las fieras. Y como tales, a ciegas, engendraban hijos.

Antes de los mundos distópicos cyberpunk vinieron Los desposeídos: una utopía ambigua, de Le Guin, Mercaderes del espacio, de Pohl, Fahrenheit 451, de Bradbury, 1984, de Orwell, Un mundo feliz, de Huxley… y este señor.

Pero… ¿quién narices es este señor y de dónde sale esta novela? La edición de Akal me recordó lo ignorante que soy, y me instruyó con un prólogo extenso sobre la vida de Zamiátin, que se adelantó (publicó Nosotros en 1921) y sirvió de base para la literatura distópica posterior en tanto que Orwell admitió su deuda para con esta novela y que él sirvió de ejemplo para otros escritores. De hecho, Orwell mismo destacó también la deuda (no confesada) de Huxley con Zamiátin.

El protagonista de esta obra, D-503, es nuestro cronista particular de su sociedad. Nos cuenta mediante entradas de diario, y dirigiéndose a un lector al que habla directamente (nota: la historia transcurre unos cientos de años por delante de nuestra línea temporal), e incide en su particular cometido: construir un cohete para viajar a otros mundos y  hacer que la «vida [de seres de otros planetas] sea tan ideal, racional y precisa como la nuestra…».

Puede que, precisamente, las extrañas y opacas moradas de los antiguos engendraran esa lamentable psicología celular suya. «Mi (sic) casa es mi fortaleza». ¿Era necesario llegar a esa conclusión?

En la novela aparecen muchos elementos que hará famosos 1984, a saber: el Gran Hermano, la telepantalla, la policía del pensamiento… El protagonista se encuentra perfectamente integrado en la sociedad, y no será hasta que se cruce en el camino de I-330, una mujer peculiar, cuando se planteará su existencia. Entonces su perspectiva del mundo comienza a cambiar radicalmente. Se cuestionará elementos que antes le parecían naturales, lógicos, y todo por culpa de lo que él viene a denominar una “enfermedad”. Esa enfermedad le hará cambiar, y todo se desmoronará a su alrededor. O no.

Miles de pies caminando al mismo compás: un palpitante leviatán de un millón de patas que fluye a mi alrededor. Y yo estaba solo, como arrojado por una tormenta a una isla desierta, y no hacía más que buscar con la vista entre las olas azul grisáceas.

 

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