Leer clásicos (Sin aburrirse en el intento), 3ª parte

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Y ya van tres.
En noviembre publiqué la primera entrada de “Leer clásicos (sin aburrirse en el intento“, en diciembre la segunda, y una vez más, aquí estamos.
Cinco personas vienen a unirse a las recomendaciones de clásicos, cinco imprudentes a los cuales aprecio mucho y que han tenido a bien perder su tiempo para participar en este proyecto.
No quiero entreteneros mucho, así que ahí van: 10 nuevas recomendaciones de clásicos de manos de Carbaes, Felicidad Martínez, Xavi, Cristina Jurado y Alexander Páez.

Felicidad Martínez (@Felicidad_Mtnez):

  • Viaje a un planeta Wu-Wei, de Gabriel Bermúdez (1976): porque los clásicos españoles también existen y este autor debería ser recordado con más 51hr4ynekdl-_sx331_bo1204203200_frecuencia. Aunque lo primero que leí de él fue El señor de la rueda, que me dejó con la mandíbula colgando, he preferido recomendar este. Una aventura desenfadada, divertida, pulp y a la vez cargada de reflexión (con especulación social que tanto me gusta). Sergio Armstrong, el protagonista, es desterrado a la Tierra donde se espera que muera sin remedio porque, claro, está plagado de salvajes incivilizados que lo van a destrozar, fijo, en cuanto le echen el guante. Pero las cosas no son como parecen… y no quiero destripar más porque merece la pena ir descubriendo las distintas etapas del camino; como por ejemplo: qué es el Wu-Wei.
  • La naranja mecánica, de Anthony Burgess (1962): seguro que os suena la película, pero seguro que muchos no sabéis el cabreo monumental que pilló Burgess al enterarse de que en la edición americana del libro (en la que se basó Kubrick para adaptar la peli) eliminaron el último capítulo, el veintiuno; así que recomiendo echar un vistazo a los dos porque la moraleja final es bien distinta. Es una historia de violencia, con un protagonista con el que cuesta empatizar, pero que no puedes dejar de leer. Al estar narrado por Álex, el protagonista, contiene muchísimas palabras/expresiones en Nadsat, una jerga ficticia creada por el autor y que puede desconcertar al principio, pero que a mí, personalmente, me encanta. Puede parecer que la novela trata sobre la delincuencia juvenil, pero en realidad trata de la contraposición entre el condicionamiento humano y el libre albedrío.

Carbaes (@trad_carbaes):

  • Amanecer, de Octavia Butler (1987), es una novela sobre un primer contacto con vida extraterrestre. Y, a la vez, es una novela que habla de lo que estamos dispuestos a sacrificar para salvar eso que llamamos humanidad y que enseguida enarbolamos como elemento único e identificador ante cualquier amenaza exterior. Pero ¿qué es lo que nos hace humanos?
    Los lectores no nos ponemos de acuerdo en si Octavia Butler escribió una utopía o una distopía. El planeta Tierra estaba al borde de la destrucción a manos de sus habitantes cuando los oankali, una raza alienígena llena de tentáculos, cogieron a los pocos seres humanos que seguían vivos y los salvaron al llevárselos a su bionave espacial. Arreglaron nuestro planeta para que más adelante pudiéramos vivir en él sin contaminación ni enfermedades. Hasta aquí, todo muy bonito, pero ¿qué pasa cuando la humanidad no está dispuesta a pagar el precio que les piden sus salvadores por esa utopía?
    Amanecer me ha descubierto todo un nuevo paradigma de relaciones, amor y esperanza. Y ojo, que estamos hablando de una lectura triste, de esas que te hace perder la fe en la humanidad, pero que te cambian para siempre en lo más hondo.kallocaina-gallo-nero
  • Kallocaína, de Karin Boye (1940): clásico de ciencia ficción de reciente publicación en nuestro país gracias a Gallo Nero. Y es que son pocas las traducciones del sueco que nos llegan sin asesinos o policías de por medio. Por suerte, tenemos ciencia ficción de sobra gracias a esta Karin y a la Tidbeck, publicada en Nevsky.
    Karin Boye se inspiró en lo que estaba gestándose en Alemania entre 1930 y 1940 para escribir esta distopía donde el totalitarismo no solo está a la orden del día, sino que es inherente al ser humano. Pensar en el concepto de intimidad provoca escalofríos de terror en el protagonista de esta obra, un químico que ha desarrollado lo que comúnmente se denomina «suero de la verdad». Este invento le hará descubrir que no todos los conmílites entrenados por el Estado del Mundo son tan felices ni aceptan sin rechistar la suerte que les ha tocado.
    Aunque las distopías que vendrían después de la mano de Orwell y Bradbury tuvieron más éxito y repercusión internacional, Kallocaína se merece un puesto de honor gracias a su estilo elegante que va hilando una narración fatídica que pondrá los pelos de punta a más de uno.

Xavi (@dreamofelvex)

Los dos clásicos que voy a comentar son dos novelas que me dejaron totalmente marcado cuando las leí, y que fueron detonantes para que mi afición a este género sea tan sólida y duradera.

  • The Ophiuchi Hotline, de John Varley (1977): en español se tradujo como Y mañana serán clones. Es una novela repleta de ideas que ha envejecido perfectamente (tan bien que Ly-manana-seran-clonesa Factoría publicó una edición en 2014). En un futuro lejano una especie alienígena ha llegado al sistema solar decidida a preservar la vida inteligente en el planeta tierra: los cetáceos. Por eso a los humanos son aniquilados (sin violencia) o expulsados, pero se les permite vivir en el resto de cuerpos del sistema solar, siempre y cuando no se acerquen a su planeta de origen ni a Júpiter, donde, mira tu por donde, también existe vida inteligente. En este nuevo medio ambiente las modificaciones corporales, genéticas y tecnológicas están al orden del día. Desde la constelación de Ofiuco se reciben señales con gran cantidad de información que ha permitido que la tecnología humana haya evolucionado mucho, y por eso la humanidad puede sobrevivir en estas condiciones adversas.
    La trama es una historia coral, desde el punto de vista de una ingeniera genética condenada por haberse clonado y del de varios de sus clones, mientras viajan por todo el sistema solar cumpliendo las órdenes de un político que tiene en mente que la humanidad vuelva a la Tierra.
    Es una lectura sorprendente, original y con un gran sentido del humor. Varley publicó un par de novelas más situadas en este universo de los 8 mundos: Playa de Acero y El globo de oro, muy recomendables también. Aunque independientes, recomiendo seguir el orden de publicación. En principio está trabajando en una cuarta novela, Irontown Blues, que escalará hasta la cima de mi pila cuando se publique.
  • Dune, de Frank Herbert (1965): es uno de esos clásicos que incluso los no aficionados a la literatura de ciencia ficción conocen, y una de esas novelas que todo buen aficionado debe leer. Frank Herbert la publicó en 1965, y aunque creo que no ha envejecido tan bien como la otra novela que he comentado, la especulación sobre aspectos sociales, religiosos y, principalmente, de aspectos relacionados con el medio ambiente es sorprendente.
    La historia nos sitúa en un futuro lejano en el que la humanidad ha colonizado diversos planetas, y está dominada por un imperio galáctico, después de una guerra con las inteligencias artificiales. Este es un punto original, la ausencia de este tipo de tecnologia.
    La casa Atreides, que hasta ese momento ha regido el planeta Caladan (un planeta básicamente acuático), es obligada a trasladarse para regir el planeta Arrakis (o Dune), un planeta totalmente desértico gobernado por su casa enemiga, los Harkonnen, que no están muy contentos precisamente. En Dune se recoge una especia imprescindible para los pilotos de las naves espaciales, la Melange, y es uno de los recursos más codiciados del imperio. Los habitantes originales del planeta son los Fremen, cuya cultura y tecnología se basa en conseguir y ahorrar el agua que tanto escasea en su medio.
    Conspiraciones políticas de alto nivel, profecías y mesianismo, acción en su justa medida y especulaciones científicas muy interesantes son las características principales de este gran clásico de la ciencia ficción que se ha intentado adaptar al medio cinematográfico y televisivo, pero sin demasiado éxito. Ah, y gusanos gigantes que viven en la arena, importante detalle.
    Frank Herbert continuó con la historia con varias novelas, aunque sólo he leído una de ellas y no me dejó excesiva marca. Su hijo Brian Herbert ha explotado el universo a base de precuelas, novelas intermedias y explicaciones más detalladas, hasta ahora la saga suma más de 20 novelas, yo me limito a recomendaros la primera, las demás, bajo vuestra responsabilidad.

Cristina Jurado (@dnazproyect):

  • Pórtico, de Frederik Pohl (1977): es un estudio sobre la fuerza destructiva de la culpa, uno de los temas más tratados por la literatura desde épocas remotas -recordemos a Shakespeare, sin ir más lejos. Pohl estructura esta obra, que bien podría afrontarse como una pieza teatral, en la interacción entre dos personajes: uno humano (el paciente) y otro artificial (su terapeuta) con numerosos flash backs. Uno de los aciertos del autor es utilizar documentos de todo tipo (anuncios en prensa, memorándums y obras) para ilustrar el contexto, un recurso que hoy en día nos parece normal (incluso manido muchas veces) pero que en el momento en que se publicó la novela en 1977 era novedoso y conseguía sorprender. La historia se asienta en un futuro en el que la exploración espacial se ha convertido en una realidad más cercana a la caza de fortuna que a la indagación científica. Casi podríamos calificarla como una obra distópica que ahonda en las desigualdades sociales provocadas por la sobrepoblación de la Tierra y en la incapacidad del ser humano de encontrar soluciones igualitarias. El ansia de salir de la pobreza fuerza al protagonista a buscar fortuna en la búsqueda de tecnología alienígena y, a pesar de que la consigue, lo hace a costa de sus relaciones personales, lo que le suma en una profunda depresión. La prosa es impecable y el ritmo mantiene al lector pegado a las páginas, tratando de adivinar el desenlace.
  • El cuento de la criada, de Margaret Atwood (1985): es una de esas obras que no puede dejar indiferente a ningún lector. La distopía que describe es cuentocriadatan alarmante y sexista que uno se pregunta en qué se basaría la autora para crearla. Nos encontramos ante una teocracia de un futuro cercano en la que los derechos de las mujeres han desparecido de tal manera que incluso se les niega el acceso a la lectura. La sociedad está fuertemente jerarquizada y militarizada, y las mujeres fértiles son obligadas a mantener relaciones sexuales con hombres casados en presencia de sus mujeres para sostener el nivel de nacimientos. La narración sigue los pasos de una de estas mujeres, que recuerda su vida antes de que se instaurara tal régimen, y que intenta mantener la esperanza a pesar de las humillaciones y calamidades por las que se ve obligada a pasar. Es una lectura ágil, profunda y amena al mismo tiempo y, en ocasiones, resulta pavorosamente profética.

Alexander Páez (@infinitoalex):

  • Neuromante, de William Gibson (1984): Ay, los ochenta. ¿Quién no recuerda con nostalgia la década en la que fue adolescente? ¿Y quién no recuerda con nostalgia cuando no existía Internet? Yo desde luego no, porque el mismo año en que se creó la primera WWW yo nací. Eso fue en 1990. Y sí, soy un hijo de La Red. El Cyberpunk, así como la ciencia ficción en sus etapas embrionarias, nació de ideas que se estaban gestando en universidades tecnológicas. Por lo que La Red, Internet, para William Gibson era algo más cercano a la “magia” tecnológica que a algo tangible. Los personajes separan sus mentes y las conectan a una red por donde “viajan”. Una especie de viaje astral hippie. Además fue una de las novelas que dio a luz a este subgénero.9780575120211
  • Mindplayers, de Pat Cadigan (1987): Para Cadigan la cosa estaba clara. El futuro sería una distopía donde la policía no necesitaría del contacto físico, y se limitaría a controlar a la población a través de una Red que interconectaría todas las mentes. En cierta manera, hoy en día estamos así, interconectados a nivel mental, a través de dispositivos que, todavía, no tenemos pegados al cuerpo de forma orgánica. Los policías cerebrales y Mindplayers y la Matrix que parece más un tripi de LSD de Gibson parece que se han quedado atrás, una interpretación poco acertada. Pero tiempo al tiempo, el futuro está por llegar.

 

Unas pocas más para la lista, para todos los gustos y colores. Espero que os haya gustado, y que esta serie de entradas siga entusiasmando como hasta ahora. ¡Muchas gracias a todos los que habéis colaborado!
Por cierto, antes de cerrar: la editorial Salamandra reedita este 2017 El cuento de la criada y Hulu va a lanzar pronto una serie basada en la novela, así que ya sabéis.

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7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Gracias por las recomendaciones, me apunto unos cuantos títulos.

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  2. Me están gustando mucho estas entradas. En mi lista La naranja mecánica, Amanecer, Dune, Portico, Neuromante y El cuento de la criada. Un abrazo^^

    PD: Me parece increíble que aún no haya salido Hyperion.

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    1. bandinnelli dice:

      ¡Gracias!
      Son muy buenos títulos esos, ya verás 😉
      Por cierto, no va a salir Hyperion casi seguro, ya que nos movemos un pelín más atrás en el tiempo.
      Un abrazo 😀

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  3. ¡Hola!
    ‘La naranja mecánica’ lo he leído hace muchos años y me gustaría volver a leerlo. En cuanto a la adaptación también la he visto hace años y bastantes veces.
    ‘Amanecer’ tengo muchas ganas de leerlo desde que Carla empezó a hablar de él. Y ‘Kallocaína’ lo tengo apuntado desde hace un tiempo y aún no le he hecho un hueco. En cuanto a ‘Dune’ es un eterno pendiente que espero leer en algún momento.
    ‘Pórtico’ lo leeré este año sin falta, cada vez tengo más ganas de hacerlo, la verdad. Y con Margaret Atwood espero estrenarme en cuanto pueda.
    Como siempre, acabo de leer estas entradas con ganas de leer varios libros.
    Un beso

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    1. bandinnelli dice:

      El tren del hype nunca para 😛
      Como voy leyendo tus entrada, cotillearé lo que va cayendo.

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  4. Nicholas Avedon dice:

    Que bueno ver a “Amanecer” de Butler. Fue una novela que me gustó muchisimo cuando la leí y no se suele citar como “uno de los clásicos”. Gran acierto incluirla 😉

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